Palabras del presidente en el 250.º Aniversario del Nacimiento del Presidente Andrew Jackson


El Hermitano
Nashville, Tennessee

4:44 p.m. HORA ESTÁNDAR DE CENTRO

EL PRESIDENTE: Muchas gracias (aplausos). ¡Vaya, qué agradable visita fue esta. Visita inspirada, tengo que decirles. Soy un fan, soy un gran fan.

Quiero dar las gracias a Howard Kettell y Francis Spradley de la Fundación Andrew Jackson;  a todos los empleados increíbles de la fundación y a los partidarios por la preservación de este gran hito, que es lo que es, un hito de nuestro patrimonio nacional.

Un agradecimiento especial al gobernador Bill Haslam y su increíble esposa, y a los senadores Lamar Alexander y Bob Corker, dos grandes amigos míos, han sido una gran ayuda. Ambos increíbles chicos.

En mi discurso al Congreso, miré adelante nueve años, al 250.º aniversario de la independencia americana. Hoy llamo la atención a otro aniversario: el 250.º aniversario del muy grande Andrew Jackson (aplausos); él amaba Tennessee, y yo también (Aplausos).

En este día, en 1767, Andrew Jackson nació en el suelo de las colinas de las Carolinas. De la pobreza y la oscuridad, Jackson se elevó a la gloria y la grandeza – primero como un líder militar, y luego como el séptimo presidente de los Estados Unidos. Lo hizo con valentía, con coraje y con corazón patriótico. Fue uno de nuestros grandes presidentes (aplausos).

Jackson era el hijo de la frontera. Su padre murió antes de que él naciera; su hermano murió luchando contra los británicos en la Revolución Americana, y su madre contrajo una enfermedad fatal mientras atendía a las tropas heridas. A la edad de 14 años, Andrew Jackson era un huérfano, y miren lo que fue capaz de hacer, miren lo que fue capaz de construir.
Fue durante la Revolución que Jackson, primero, confrontó y desafió a una élite arrogante. ¿les suena familiar? (risas). Me pregunto por qué siguen hablando de Trump y Jackson, Jackson y Trump. Oh, conozco el sentimiento, Andrew (risa).

Fu capturado por los Casacas Rojas  y se le ordenó limpiar las botas de un oficial británico, Jackson simplemente se negó. El oficial tomó su sable y golpeó a Jackson, dejándole heridas en la cabeza y la mano, que se transformaron en cicatrices permanentes para el resto de su vida. Estos fueron los primeros y lejos de los últimos golpes que Andrew Jackson soportó por su país que tanto amaba.

A partir de ese día, Andrew Jackson rechazó la autoridad que mira hacia abajo a la gente común. Primero, como muchacho, cuando valientemente sirvió a la causa revolucionaria. Después, como el heroico vencedor en Nueva Orleáns, donde su milicia era diversa, pero eran duros, y expulsaron a las fuerzas imperiales británicas de América, en un triunfal final a la guerra en 1812. Era un general real, el único.

Y, por último, como presidente – cuando reclamó el gobierno del pueblo a una aristocracia emergente. La victoria de Jackson sacudió el establecimiento como un terremoto. Henry Clay, secretario de Estado del derrotado presidente John Quincy Adams, calificó la victoria de Jackson de “mortificante y enfermiza”. Oh, chico, esto les suena familiar (risas) ¿Lo hemos oído?, (risas). Esto es terrible. Dijo que no había habido “ninguna mayor calamidad” en la historia de la nación.

La clase política en Washington tenía buenas razones para temer el gran triunfo de Jackson. “Los ricos y poderosos”, dijo Jackson, “con demasiada frecuencia doblan los actos del gobierno a sus propósitos egoístas”. Jackson advirtió que habían convertido al gobierno en un “motor para el apoyo de los pocos a expensas de los muchos”.

Andrew Jackson era el presidente del pueblo, y su elección llegó en un momento en que la votación se extendió finalmente a los que no poseían bienes. Para eliminar la burocracia, Jackson eliminó el diez por ciento de la fuerza laboral federal. Él lanzó una campaña para barrer la corrupción del gobierno, totalmente. No quería corrupción del gobierno. Él amplió los beneficios para los veteranos; luchó contra el poder financiero centralizado que influyó a costa de nuestros ciudadanos; impuso aranceles a países extranjeros para proteger a los trabajadores estadounidenses. Eso suena muy familiar. Espera a ver lo que va a suceder muy pronto, amigos (risas). Es hora, es la hora.

A Andrew Jackson se le llamaba de muchas maneras, era acusado de muchas cosas, y luchando por el cambio, ganó muchos, muchos enemigos. Hoy, el retrato de este hijo huérfano que subió a la presidencia cuelga orgulloso en el Despacho Oval, frente al retrato de otro gran estadounidense, Thomas Jefferson. Traje el retrato de Andrew Jackson allí (aplausos). Justo detrás de mí, sobre mi hombro izquierdo.

Ahora me siento honrado de sentarme entre esos dos retratos y usar este alto cargo para servir, defender y proteger a los ciudadanos de los Estados Unidos. Es mi gran honor.

Desde ese escritorio y a través de la gran ventana puedo ver el maravilloso, hermoso,  y gran árbol de magnolia, de pie, fuerte y alto a través del césped de la Casa Blanca. Ese árbol fue plantado allí hace muchos años, cuando era solo un brote llevado de estos mismos terrenos. Vino justo desde aquí (aplausos). Hermoso árbol.

Ese pico se alimentó, se arraigó, y en este, su cumpleaños número 250, la magnolia de Andrew Jackson es un espectáculo para la vista. Lo miré de verdad esta mañana. Realmente hermoso (aplausos).

Pero el crecimiento de ese hermoso árbol no es nada comparado con el crecimiento de nuestra bella nación. Ese crecimiento se ha hecho posible porque cada vez más nuestro pueblo ha recobrado su dignidad, como iguales bajo la ley e iguales a los ojos de Dios.

Andrew Jackson fue un héroe militar y un presidente querido, pero también era un hombre imperfecto, un producto de su tiempo. Es deber de cada generación llevar adelante la lucha por la justicia. Mi administración trabajará noche y día para asegurar que los derechos sagrados que Dios ha otorgado a sus hijos estén protegidos para todos y cada uno de ustedes, para cada uno de los estadounidenses (aplausos).

Todos debemos recordar las palabras de Jackson: que en “el plantador, el agricultor, el mecánico y el obrero”, encontraremos músculo y hueso de nuestro país. Tan verdadero, tan verdadero.

Ahora, debemos trabajar en nuestro tiempo para expandirse – y tenemos que hacerlo porque no tenemos otra opción. Vamos a hacer que América sea genial otra vez, amigos. Vamos a hacer de América una vez más grande – (aplausos) – para ampliar las bendiciones de América a cada ciudadano en nuestra tierra. Y cuando lo hagamos, observa cómo crecemos; mira lo que está pasando, ya lo ven pasar. Lo ven con nuestros grandes militares, lo ven con nuestros grandes mercados, lo ven con nuestros increíbles hombres de negocios, lo ven con el nivel de entusiasmo que no han visto en muchos años. La gente se siente orgullosa nuevamente de nuestro país, y se van a sentir más orgulloso, más orgulloso y más orgulloso, se los prometo (aplausos).

Y míranos crecer. Seremos verdaderamente una nación, con raíces profundas, un núcleo fuerte, y una primavera muy nueva de grandeza americana por venir.

Andrew Jackson, le agradecemos su servicio. Te honramos por tu memoria. Construimos sobre su legado. Y damos gracias a Dios por los Estados Unidos de América.

Muchas gracias, a todos (aplausos).

FIN
4:54 p.m. HORA ESTÁNDAR DE CENTRO